4 tipos de barreras que ponemos frente a “los otros”

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Cuando en un grupo hablamos de diversidad estamos hablando, de manera implícita, de la existencia del otro. El otro es todo aquél que no se ajusta a la norma y que, por lo tanto, es diferente al resto de miembros de la comunidad en la que se inscribe, ya sea por razones culturales, de idioma, de desarrollo cognitivo o motor, de comportamiento, etc.

Pero, ¿quién y cómo se establece la norma? Ésta es, sin duda, una pregunta fundamental en torno a la diversidad. Por lo general, esta definición normativa estará mediatizada por el grupo que ejerce el poder en cada momento (ya sea éste mayoritario o no), y es nuestro deber el cuestionarla constantemente.

los otros

La mera existencia del otro lleva aparejada la presencia de barreras, que separan al grueso del grupo de los que están al “otro lado” de la normalidad, y que al mismo tiempo impiden al diferente ser aceptado como un miembro más.

Estas barreras pueden ser de cuatro tipos:

  1. de accesibilidad física (quien simplemente no puede subir unos escalones puede ser drásticamente separado del grupo),
  2. lingüísticas (diferencias de idiomas o acentos, dificultades de habla o lenguaje…),
  3. culturales o de comportamiento (desde simples diferencias en hábitos, hasta comportamientos estereotípicos o compulsivos provocados por trastornos en el desarrollo o discapacidad intelectual),
  4. mentales (estereotipos, radicalismos de cualquier tipo, xenofobia, etc.)

En esta clasificación podemos ver que las barreras pueden estar impuestas desde el grupo normalizado, desde las circunstancias particulares de aquél al que llamamos el otro, o desde una sociedad que ejerce su influencia de manera determinante desde el exterior del grupo.

Curiosamente, la palabra otro comparte la misma raíz y etimología que el número tres. En las lenguas indoeuropeas, la raíz tr- hace referencia a “lo que está más allá del dos”, y se encuentra en palabras tan diferentes como tropa en español, o como très (muy) y trop (demasiado) en francés, además de en el three inglés. El otro sería, por lo tanto, aquél que no es ni tú ni yo, ni uno ni dos.[1]

Si partimos de la base de que todos sabemos a quién nos referimos cuando hablamos de yo, la clave entonces hay que situarla en la definición del . Se ha escrito y hablado muchísimo sobre esta construcción, y tampoco es este post el lugar para hacer una reflexión filosófica, pero sí que hay un primer paso indiscutible para considerar a alguien como , e incluirle por lo tanto dentro del grupo: necesitamos conocerle. Cuando conocemos al diferente, cuando entendemos sus limitaciones y sus capacidades, cuando las comparamos con las nuestras y dejamos de juzgarlas, cuando integramos la diversidad… es cuando el otro, el que está más allá del grupo, pasa a ser uno más, pasa a ser .

La misión de la Fundación Best Buddies es precisamente esa, reducir las barreras que imposibilitan el considerar al diferente como un miembro más de la comunidad (como tú o como yo), trabajando en los tres ámbitos que las imponen, y fomentando el conocimiento profundo de el otro a través de la herramienta más poderosa que el hombre ha creado para este fin: la amistad.

Nada hay como una amistad para conocer e integrar las diferencias.

Si estás de acuerdo, puedes apoyar a que la Fundación Best Buddies siga con su labor de integración de las personas con discapacidad intelectual haciéndote socio o haciendo un donativo puntual.

 

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Daniel Erice


[1]    Sobre este tema recomiendo la lectura del artículo del investigador del Observatorio de París Bartolomé Coll publicado en la revista de divulgación científica por Internet CaosyCiencia.com. http://www.caosyciencia.com/ideas/articulo.php?id=080805